Aquél que nunca navegó por las aguas de Antofagasta.
A inicios del siglo XX Chile adquiere sus primeros submarinos, una novedad para dicha época; éstos llevarían por nombre «Antofagasta» e «Iquique». Hermosos nombres en honor a dos grandes territorios del norte de Chile. Ahora bien, estas unidades se podrían considerar idénticas, pero contaban con ciertas singularidades:
El «Iquique» era algo más pequeño, medía 44 metros y contaba con 5 tubos lanza torpedos, mientras que el «Antofagasta» era algo más grande, 48 metros y contaba con sólo 3 de estos tubos. Se designó como Comandantes a los Capitanes de Corbeta Edgardo von Schroeders y Luis A. Concha.
Hemos de acotar que estas unidades estaban ya terminadas, pero que jamás fueron entregadas y la historia dice así:
El Gobierno decidió que la Marina de Guerra debía contar con submarinos y dispuso construir dos unidades en la Electric Boat Company, de Estados Unidos. Sin embargo, al hacer los expertos chilenos -que debían recibirlos- las pruebas finales de mar, éstos determinaron que no cumplían con las especificaciones del contrato y que no tenían la suficiente autonomía y resistencia para cumplir las labores de patrullaje a todo lo largo de nuestro territorio, por lo que el gobierno de Chile rechazó la compra. Al sobrevenir la Gran Guerra (La primera guerra mundial) los submarinos fueron traspasados por EEUU a Canadá, país en el que prestaron servicio por menos de una década.
«Si bien los chilenos habían llamado a los submarinos “Iquique” y “Antofagasta”, el oficial naval superior de Esquimalt, la base naval canadiense, sujeto a la aprobación del Cuartel General, llamó a los recién llegados “Paterson” y “Mc Bride”, recordando a su constructor y su comprador. Esta acción, sin embargo, no fue aprobada y se siguió en cambio un precedente australiano. Los submarinos canadienses eran aproximadamente de la clase C del Almirantazgo inglés, así que el “Iquique” llegó a ser el CC-1 y el “Antofagasta” el CC-2.»
Debido a la misma guerra, Gran Bretaña había retenido para su propio uso, dos acorazados y varios destructores que Chile había ordenado construir en ese país; a manera de compensación, esta nación cedió cinco submarinos tipo “H” que tenía en construcción en Estados Unidos. Chile -por su parte- adquirió un sexto submarino y el 4 de julio de 1917, en apresurada ceremonia, adelantándose a la entrada de Estados Unidos en la guerra, fue izada la bandera a bordo de los submarinos, conformándose así la primera flotilla de submarinos, cuyos nombres fueron: Guacolda, Tegualda, Rucumilla, Quidora, Fresia y Guale.
Características: Eslora 45,8 metros; manga 4,6 metros; desplazamiento 355 toneladas; tripulación 25 hombres; velocidad 12 nudos en superficie, 7,5 nudos sumergido; armamento: 4 Tubos Lanza Torpedos a Proa.
Estos submarinos zarparon rumbo a Chile, bajo el mando del Contraalmirante Sr. Luis Gómez Carreño, en convoy con el crucero Chacabuco y el transporte Angamos.
Algunos datos históricos:
H1 Guacolda (ex HMS H13): Durante la Sublevación de la Escuadra de Chile, en 1931, fue conducido por su tripulación (sin oficiales) de Talcahuano a Coquimbo, donde se unió al grueso de las fuerzas rebeldes. Allí, junto con el resto de los buques, es bombardeado por aviones de la FACH junto al resto de la Escuadra sin sufrir daños.
H2 Tegualda (ex HMS H16): Durante la Sublevación de la Escuadra de Chile, en 1931 se unió a la rebelión desde el principio, como parte de la escuadra fondeada en Coquimbo. Allí, junto con el resto de los buques, es bombardeado por aviones de la FACH junto al resto de la Escuadra sin sufrir daños.
H3 Rucumilla (ex HMS H17): El 2 de junio de 1919 sufrió un grave accidente por la inundación repentina de la batería de popa, el cuarto de máquinas y, parcialmente, la sección central. Gracias a que el incidente ocurrió en una cala poco profunda de Talcahuano otros buques pudieron socorrerlo, izando verticalmente la nave por la proa, mientras la popa inundada descansaba sobre el fondo. Al llegar la popa a flor de agua, antes de que se agotara el oxígeno, la tripulación logró evacuar la nave por la escotilla de proa. Los tripulantes habían permanecido 8 horas en el lecho marino, a oscuras, mientras la embarcación hacía agua y emanaban gases de cloro de las mojadas baterías. La unidad fue reflotada, y recuperada después de algunos años de reparaciones. Durante la Sublevación de la Escuadra de Chile, en 1931, el H3 fue alistado por un grupo de oficiales leales al gobierno, que lo navegaron con la intención de atacar al resto de los buques tomados por la marinería, claro que sin mayor éxito. En las cercanías de la Isla Quiriquina fueron atacados por el escampavía Colo Colo (que intentó embestir el sumergible) y estuvieron a punto de embancarse en la boca del Río Biobío.
H4 Quidora: Durante la Sublevación de la Escuadra de Chile, en 1931, fue conducido por su tripulación (sin oficiales) de Talcahuano a Coquimbo, donde se unió al grueso de las fuerzas rebeldes. Durante el bombardeo de la Fuerza Aérea, un impacto cercano al submarino Quidora dejó un muerto y un herido entre su tripulación.
H5 Fresia: Durante la Sublevación de la Escuadra de Chile, en 1931, fue conducido por su tripulación (sin oficiales) de Talcahuano a Coquimbo, donde se unió al grueso de las fuerzas rebeldes. Allí, junto con el resto de los buques, es bombardeado por aviones de la FACH junto al resto de la Escuadra sin sufrir daños.
H6 Guale: Durante la Sublevación de la Escuadra de Chile, en 1931 se unió a la rebelión desde el principio, como parte de la escuadra fondeada en Coquimbo. Allí, junto con el resto de los buques, es bombardeado por aviones de la FACH junto al resto de la Escuadra sin sufrir daños.
Estas unidades fueron dadas de baja entre 1949 y 1953.
Ahora ¿Qué pasó con el «Antofagasta» y el «Iquique»?
En 1920, el CC1 y el CC2, ex “Iquique” y ex “Antofagasta”, los primeros submarinos canadienses y casi primeros submarinos chilenos finalizaron oficialmente sus actividades del servicio activo y fueron vendidos para desguace. Nunca prestaron un verdadero y efectivo servicio, ya que no se consideraron seguros para atravesar el Océano Atlántico, y sólo se usaron como elemento disuasorio hasta el fin de la guerra.










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