(El Mensajero del Destino)
Waychaucituy chayamuptin
(Cuando llegues waychaucito)
ñuqallayqa pasakusaq
(me pararé y me iré)
orquntapas qasantapas
(por los cerros y por las abras)
qamqhinapas phawasaqcha
(me iré corriendo como tú)
qamqhinapas waqasaqcha
(me iré cantando como tú)
Se le llama comúnmente Mero gaucho, para diferenciarlo del Mero, aunque también se conoce como Mero cordillerano. Como muchas aves andinas, tiene su nombre propio asignado por los indígenas: Waychau (o huaychau), que proviene del quechua. Es lo más probable que el “gaucho” de su nombre no tenga ninguna relación con los gauchos argentinos, como podría creerse, sino que sea una deformación del nombre quechua. De hecho, en la zona del alto Loa lo llaman guaicho. Otro nombre común que recibe es el de arriero, el que se debe a que -según algunas leyendas- antiguamente era un arriero al que, por su mala conducta con los animales, los Apus castigaron convirtiéndolo en ave. La ciencia, en tanto, le ha asignado el más prosaico nombre de Agriornis montanus.
El waychau -o mero gaucho, como prefieran llamarlo- es un ave de buen tamaño, entre 22 y 24 cm. Es principalmente de color café apizarrado (grisáceo dicen algunos), con el abdomen acanelado y la garganta blanquecina con notorias barras oscuras. La cola es oscura pero con las plumas laterales blanquecinas.
Es un ave propia del altiplano, pero en el norte de nuestro país es habitual que descienda a tierras más bajas, hasta el nivel mar inclusive, por lo que podemos encontrarlo hasta en la costa. Se alimenta de una variedad de presas, desde insectos y arañas hasta lagartijas y sapos, incluyendo huevos y pichones de otras aves y pequeños mamíferos, no obstante lo cual pueden también comer semillas.
Hacen sus nidos en el suelo, al amparo de rocas o arbustos, aunque también puede usar grietas o huecos en las rocas o hasta en los techos o paredes de las casas. No es confiado, pero no teme acercarse a las habitaciones humanas.
En algunas zonas andinas de su distribución se le considera injustamente como un ave de mal agüero, por error de las gentes. Según las antiguas tradiciones, el waychau es el mensajero del destino, por lo que se debe entender que –por ejemplo- si iniciaremos un viaje y lo escuchamos cantar, no deberíamos continuar, o bien deberíamos hacerlo con precaución, porque él nos está avisando del peligro que acecha más adelante. Sin embargo, las gentes lo han interpretado al revés y culpan de lo que pueda ocurrir a quien no hace más que transmitir el mensaje, achacándole ser quien causa el infortunio y, por ende, considerando de mal agüero a un ave que –por lo contrario- nos trae buena fortuna.
Así pues, no temamos el canto del waychau, más bien, hay que agradecer su prudente aviso.










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