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La Ceratitis capitata

(Si me como una larva ¿Me crecerán alas?)

Recordamos la conversación con un ex empleado de cierta repartición pública (ya en júbilo) quién nos confidenció que, por los años ´80 del siglo pasado, hubo una campaña masiva de fumigación por toda la ciudad de Antofagasta y sus alrededores para erradicar o combatir a la mosca de la fruta. Dicha campaña lo llevó hasta una quebrada emblemática de nuestro territorio, la Quebrada La Chimba y sin entender los motivos ya que en dicho lugar encontramos vegetación, tanto endémica como nativa, pero no habían frutas ni frutales, quizás los copaos de las columnares serían los únicos que caerían en dicha clasificación. En aquellos años la fumigación se realizaba con compuestos altamente tóxicos y arrasaba con todo lo que habitase el espacio y no tan solo serían moscas las que caerían por efectos del químico utilizado. Antes de dicha fumigación no había catastros de la vida contenida en dicho lugar, estos asomaron mucho después y debemos entender que, el bien mayor, en esta caso, el de liberarnos de dicha plaga, disculparía el daño que se puede haber originado en un ecosistema tan frágil y exclusivo.

Alguna vez pensamos, que este desierto bastaba para contener y controlar una gran cantidad de plagas que en más de las veces vienen en tamaño pequeño, más, ya no es así. El desierto puede ser un límite, pero muy poco efectivo al momento de sumar al actor más importante, al sapiens-sapiens y su capacidad actual de desplazamiento.

Dicha mosca ha retornado a nuestra ciudad -la hemos visto- y aún resulta fácil el controlarlas según los entendidos por supuesto. Ante esto, nos indica el señor bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia:

Pues bien. En los últimos meses hemos vuelto a escuchar sobre la mosca de la fruta, Ceratitis capitata, una peligrosa plaga agrícola.

A pesar de que nuestro país ha sido reconocido internacionalmente como libre de esta plaga desde el año 1995, eso no implica que no pueda presentarse esporádicamente en algún lugar de nuestro territorio. Por ejemplo, a fines del mes pasado se declaró su presencia en Matilla, región de Tarapacá.

Por lo general, lo que llegamos a saber de estos focos son sus consecuencias, es decir, la destrucción de frutas y frutales y la prohibición de mover fruta fuera del lugar en que se encuentra la mosca.

Pero pocas veces se nos explica el por qué se toman estas medidas que –muchas veces- resultan en extremo perjudiciales para los agricultores y para la gente que tiene algunos frutales en sus casas. Para entender el por qué los organismos gubernamentales proceden así, a veces pareciera que demasiado autoritariamente, es necesario conocer más sobre esta mosca y no quedarse solamente en su nombre y en su fama de perjudicial.

La mosca de la fruta Ceratitis capitata (se le llama “de la fruta” a otras moscas también, y no hay que confundirlas) es un insecto de origen africano que, con el paso de los años, se ha ido extendiendo por gran parte del mundo y no sólo por países de clima tropical, sino también por zonas de clima templado como son el centro y sur de nuestro país.

¿Por qué se le considera una de las plagas agrícolas más dañinas? Pues porque puede dañar a muchas frutas diferentes, entre ellas: el durazno, el nectarín, el damasco, la ciruela, la cereza, la naranja, la mandarina, la tangerina, el pomelo, el limón y la lima (en menor medida por la acidez de su cáscara), la manzana, la pera (tanto las europeas como las asiáticas), el membrillo, el mango, la guayaba, el higo y la breva, el caqui, la palta, la chirimoya, el arándano, el kiwi, la frambuesa, la granada, el melón, la sandía, el dátil, el plátano, la papaya y las uvas en todas sus variedades. Hasta verduras como el tomate, el pepino, la berenjena y el morrón pueden ser atacadas.

¿De qué manera afecta a las frutas? Bueno, la mosca pone sus huevos bajo la piel de la fruta y, tras 2 o 3 días, emergen las larvas, que comenzarán a alimentarse de la pulpa de ésta. Es recién en este momento que puede comenzar a notarse el daño, que sólo se hará notorio cuando las larvas ya estén bastante desarrolladas y hayan afectado notoriamente la fruta. Esto será más notorio, obviamente, en las frutas pequeñas que en las grandes; entre 6 y 10 días demoran las larvas en alcanzar su desarrollo. Cuando ya están listas, se abren camino al exterior y se dejan caer al suelo, en donde se convierten en una pupa (crisálida). Permanecerán en este estado entre 7 y 10 días, que es lo que se demoran en convertirse en una mosca y emerger. Las moscas adultas alcanzan su madurez sexual entre 3 y 4 días después de emerger los machos y entre 4 y 8 días las hembras. Viven entre 30 y 60 días, durante los cuales la hembra puede oviponer entre 200 y 500 huevos, introduciendo entre 1 y 15 cada vez, en una gran cantidad de frutas. Excepcionalmente y en climas cálidos, estas moscas pueden llegar a vivir 6 meses, pero también pueden morir a los 4 días de emergidas si no encuentran alimento.

El hecho de permanecer los huevos y larvas ocultos dentro de la fruta, es lo que le permite a la mosca ser transportada de un lugar a otro por las personas sin que lo adviertan, propagando así la plaga a grandes distancias. Cuando la persona se da cuenta que la fruta está descomponiéndose por acción de las larvas, lo primero que hace es botarla, ayudándolas así a alcanzar la tierra y completar su desarrollo.

Por eso es importante crear barreras fitosanitarias cuando se produce un brote de esta mosca en alguna localidad, para impedir que se siga esparciendo por el territorio nacional. Si se perdiera la calidad de país libre de mosca de la fruta, los daños para el sector agrícola serían enormes, ya que no se podrían exportar un gran número de productos, pero no se limitaría a eso, ya que estas moscas proliferan rápidamente dañando grandes cantidades de frutas, por lo que las consecuencias serían para todo el país.

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