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Michay. La Changuita

(Llamada así, por la comunidad)

En su minuto, de esto hará más de una década atrás, más de alguno ponía en duda el supuesto origen étnico de Michay, pero sin aportar datos que permitiesen -a moros o cristianos- refutar su supuesta filiación. En dicho caso, solo nos quedaba aplaudir y sumarnos a la comparsa, quizás de manera lejana y sin bailar. Pues bien, hoy día se sabe, que dicha joven no es camanchaca y tampoco es chilena. Todo fue una confusión, un error causado por alguien y avalado por el tiempo (Hasta los aviones se caen, me dijeron una vez).

De donde viene el error y la reparación:

Han de saber, que hoy en día, muchos se arrogan el título de divulgadores de ciencia o de historia, pero la verdad es que, tal como cuando se come pescado, para hacer eso hay que tener mucho cuidado, revisando -siempre- las fuentes y verificando los datos lo más que se pueda.

En las redes circula mucha información, podríamos tal vez decir que demasiada, pero no toda ella es fiable y mucha es –derechamente- falsa. Ni siquiera la Wikipedia, a la que muchos recurren como primera fuente de información, es plenamente fiable, ya que al ser escrita por usuarios no siempre calificados, puede contener gruesos errores.

Un ejemplo notable de esto es el caso de “Michay, la changuita”.

Michay es el nombre que, mediante un concurso, se le asignó a una muchacha changa registrada en una antigua fotografía, que todos asumían representaba a una indígena de esa etnia. ¿Por qué se asumió tal cosa? Pues porque la fotografía apareció en internet proveniente de un libro de principios del siglo pasado (Fuerzas Armadas de Chile, Álbum Histórico, 1928), y sin más se asumió que era fidedigna.


A partir de ahí la imagen se reprodujo y se masificó, convirtiendo a esa niña en la representante de toda una etnia que, hasta ahora, carece de fotografías que la muestren verazmente. Llegó a nuestros museos, incluso, sin que nadie cuestionara seriamente su apariencia asiática y la diferencia manifiesta entre su desnudez y la vestimenta conocida de las mujeres changas, claramente reflejada en los antiguos grabados de Philippi o de D’Orbigny, de muy anterior data, que las mostraban completamente vestidas y con ropas muy similares a las de otros pueblos indígenas del norte, es decir, con polleras y chal.

No fue sino por una casualidad que llegó a conocerse la verdadera identidad de Michay, ya que, a pesar de la enorme cantidad de información que se maneja en la web, no está toda en ella. Hay miles de libros y fotografías que no han sido digitalizados todavía y que guardan información relevante entre sus páginas. Por eso no deberíamos desechar tan fácilmente las viejas enciclopedias y libros de viajes, ya que muchas de sus ilustraciones y fotografías son únicas y no tienen otro respaldo. Es precisamente en una enciclopedia italiana de 1959, “Le Razze e i Popoli dell Terra” (Las razas y los pueblos de la Tierra) en la que aparece esta imagen y, para mayor sorpresa, no figura en ella sólo una muchacha, sino dos. Al pie de la fotografía se lee: “Fig. 554. Tribus paganas de Filipinas. Izquierda: jóvenes Bontoc-Igorot, con el traje común de la temporada de lluvias; Derecha: novios Ifugao, en traje de gala (de C. Worcester)”.

Las fotografías para esa enciclopedia fueron tomadas del libro de 1906 ““The Non-Christian Tribes of Northern Luzon” (Las tribus no cristianas del norte de Luzón), de Dean Conant Worcester, quien las tomó personalmente.

Aparecieron también, posteriormente, en la revista National Geographic (1913) en un artículo que hablaba de estos indígenas de las Filipinas y, aunque aparecía ya recortada, estaba también coloreada. Es lo más probable que quien incluyó la foto en el libro de las Fuerzas Armadas –maliciosamente- la haya tomado del libro de Worcester. Y decimos maliciosamente porque no cabe duda que sabía que no representaba a una indígena changa, toda vez que la publicación no dejaba duda alguna sobre la identidad de las jóvenes retratadas y aun así no tuvo escrúpulos al momento de hacerlo. Solemos celebrar “la chispeza” del chileno, pero bien podemos ver que no es –en modo alguno- un rasgo deseable.

Seguramente quiso cumplir con la tarea encomendada por su jefatura de la manera más fácil y cómoda posible, en una época en que la información no era tan accesible como ahora y debía buscarse arduamente en libros y documentos de archivos y bibliotecas, se topó con esta foto y no dudó en usarla para facilitar su trabajo. No difiere mucho de lo que se hace actualmente, copiando y pegando lo primero que se encuentra o confiando ciegamente en que un chatGPT -o similar- haga el trabajo.

Nunca sabremos cuál fue el verdadero nombre de “Michay”, pues el autor de la fotografía no tuvo el cuidado de registrarlo, pero sí tenemos claro que no fue una indígena camanchaca (o changa), sino una Bontoc-Igorot de las Filipinas.

Para saber un poco más:

De Filipinas a las costas de Atacama

Gastón Carreño

https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-10432022000100102&script=sci_arttext

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