Cuando Mejillones y Cobija fueron tragados por el mar
Nos resulta impactante y sobrecogedor el leer los reportes y las noticias de aquella fecha -09 de mayo de 1877- fecha fatídica para este norte y, como amerita, queremos compartir con ustedes dichos escritos sobre aquel evento y sus repercusiones en la población. Aunque no es habitual (para nosotros) el mezclar temas históricos con temas religiosos, en esta ocasión haremos un excepción: ¡Que Dios nos pille confesados! (Para los creyentes por supuesto) o, ¡Con los pantalones puestos! (Para agnósticos y ateos).
Ambas exclamaciones aconsejan, siempre estar preparados.
La historia dice así:
Fue un día 09 de mayo de 1877 a las 21:16 horas (Aunque algunos indican que fue antes o después de dicha hora), que un terremoto de magnitud 8.5 se registró a 69 kilómetros de Iquique, por entonces capital del Departamento de Tarapacá, República del Perú. El fuerte movimiento afectó también las localidades de Pisco y Antofagasta, generando un tsunami que fue registrado en las costas chilenas, de Japón, Nueva Zelanda, Hawaii, Samoa y California.
Las mayores intensidades se registraron entre Iquique y Antofagasta, siendo Tocopilla totalmente destruida. En esta ciudad y en Cobija, el tsunami comenzó 5 minutos después del terremoto con un lento ascenso de las aguas, que alcanzó entre 10 y 15 metros sobre el nivel del mar.
Antofagasta fue inundada durante varias horas por grandes olas que arrancaron las casas de madera y las llevaron hacia la playa. Hubo grandes daños, pero la población pudo huir a tiempo hacia los cerros, por lo que no se registraron víctimas fatales.
Dicen Las crónicas de la época:
Después de informar sobre los efectos del sismo en territorio chileno, en el acápite sobre las “Costas de Bolivia y del Perú”, Vidal Gormaz copia el reporte que Don Ramón 2° Arancibia, enviado desde Antofagasta y “publicado en casi todos los diarios de la época”.
“A las 8:30 P.m. del día 9, la tierra comenzó a oscilar, despacio primero i arreciando gradualmente hasta el punto que los edificios se batían como un junquillo; la tierra parecía huir bajo las plantas y el crujir de las maderas, el tañir [sic] de las campanas y los gritos y llantos de los que pedían misericordia, aterraba y hacía perder los sentidos. El terremoto no fue precedido de ningún ruido subterráneo precursor, como suele suceder generalmente; la oscilación fue repentina y al parecer de norte a sur”.
“En los almacenes y casas no quedó una botella, un jarro, nada en ningún armario; todo fue al suelo haciéndose pedazos.
Según el cálculo de las personas que conservaron un poco de sangre fría, el terremoto duró de 2,5 a 3 minutos en toda su fuerza. Apenas los habitantes del pueblo habían podido respirar, un grito aterrador se escapa de los abrumados moradores de Antofagasta: ¡el mar!… ¡el mar sale!… ¡el mar avanza!!Arce cuenta como la gente se abalanzó a los cerros al oír que el mar se salía, “en loca carrera y fuera de sí [la gente] se dirigía a los cerros, huyendo en abigarrada confusión. Muchas personas corrían con los niños asidos de la mano; otras –mujeres y hombres- con criaturas en los brazos y algunas señoras, poseídas de intenso pánico, huían por las calles, llevando lámparas encendidas, que tal vez, en los primeros momentos y como medida de precaución, habían cogido para que no produjeran incendios…”(Arce; 1930: 354).
Las Crónicas sobre el terremoto en Mejillones
Los primeros días de mayo de 1877 fueron nublados y con la atmósfera enteramente encapotada, lo que es muy raro, experimentándose además una temperatura elevada y un calor sofocante.
El terremoto causó por sí solo muy pocos estragos (las casas son todas de madera), botando las mercaderías, etc. de los armarios, y las lámparas de parafina colgadas o de sobremesas, fueron al suelo, ocasionando inmediatamente un voraz incendio.
El mar se desbordó media hora después del terremoto sin hacerse sentir. Solo al ruido de las primeras casas que rompía su invasión y que arrastraba suspendidas, respondió el grito general de alarma: ¡El mar! ¡El mar! Algunas personas en un número mayor de 8 fueron envueltas por las olas y sucumbieron.
En la primera salida del mar, la altura vertical alcanzada por la ola sería más o menos de 7 metros, arrasando a muchas casas. En seguida se retiró descarnando la playa como 250 m., haciendo su segunda invasión 15 minutos después, alcanzando una altura vertical de 11,5 metros, sobre su nivel ordinario, yendo a chocar contra las casas de la población con una velocidad vertiginosa, arrasando malecones, muelles, escalas de piedra, etc. y las dos primeras hileras de manzanas de la población que daban frente al mar formando de todo un montón informe (Vidal Gormaz; 1878: 462).
Como 45 minutos más tarde, tuvo lugar la tercera salida del mar, ocasionando por toda pérdida en la población de mejillones de Bolivia 810,000 pesos.
09 de mayo de 1877
El día que Mejillones fue tragado por el mar
(Nos indica Don Wilfredo Santoro)
Fue un día de mayo de 1877 -día 9 para ser exacto- cuando Mejillones fue tragado por el mar. En aquel entonces (para dicho año) Mejillones ya había sido entregado a Bolivia mediante el Tratado de 1866. La empresa que movía el comercio era el Guano, empresa que contaba con capitales franceses. Su inversionista más importante era el galo Luciano Arman, representado en terreno por el capitán de Ejército Henri Arnous Riviere, quien se hacía tratar como Barón de la Riviere. El barón bautizó el poblado como San Luciano en honor a su jefe, pero lo cierto es que desde hacía siglos que el lugar era conocido como Mejillones, nombre que naturalmente se impuso.
Con su aristocrático estilo, Riviere construyó una casa cuyo balcón daba al mar, al más puro estilo de la costa francesa. Era lejos la residencia más hermosa de Mejillones.
Fue en ese contexto que a las 21.16 (hay autores que lo sitúan hasta las 21.30) comenzó el movimiento más fuerte que se ha registrado en este puerto. De acuerdo al registro histórico del Servicio Sismológico de la Universidad de Chile, el movimiento alcanzó los 8.5 grados en la escala Richter, que produjo un tsunami de grandes proporciones.
Si bien el acontecimiento sísmico está caratulado como “terremoto de Iquique” está plenamente establecido que las olas alcanzaron su mayor nivel en la bahía de Mejillones, donde llegaron a los ¡23 metros! Tamaña altura les permitió superar los acantilados característicos de La Caleta, destruir el pueblo y llegar hasta las proximidades de los derruidos edificios que la Armada mantiene en ese lugar (ex Escuela 26).
El terremoto repercutió a nivel global. Su epicentro fue ubicado a la altura de Pisagua. El capitán del vapor “Eten” manifestó haber detectado irregularidades frente a Pisagua mientras navegaba por el lugar justo al momento del sismo. También existen testimonios asombrosos. Días después del hecho se consigna el desprendimiento de “una gruesa columna de humo, redondeada en su parte superior”, justo en el lugar que indicó previamente el capitán.
Hay otros datos francamente increíbles en este espantoso sismo. En “El Deber” de Valparaíso se consigna que vecinos de Tocopilla encontraron en la playa el asta de la Capitanía de Mejillones, junto a otros objetos provenientes del mismo lugar. De allí que –sin mayor fundamento científico- se manejó la hipótesis de la erupción de un volcán submarino a la altura de Pisagua, una corriente costera que “rebota” en la Península de Mejillones y devuelve la masa de agua al norte. Por tanto, fue en Mejillones en donde se advirtieron los efectos más trágicos.
De haber estado más poblado, sin duda habría sido una hecatombe.
Relatos de la Tragedia
Uno de los autores que registro ese acontecimiento fue el oficial de la Armada chilena, Francisco Vidal Gormaz, quien describe “El terremoto por si solo causó muy pocos estragos, botando las mercaderías, etc, de los armarios y las lámparas de parafinas colgadas o de sobremesas, fueron al suelo, ocasionando inmediatamente un voraz incendio».
“El mar se desbordó media hora después del terremoto sin hacerse sentir. Solo el ruido de las primeras casas que rompía su invasión y que arrastraba suspendidas, respondió el grito general de alarma: ¡el mar! ¡el mar! Algunas personas en un número mayor de 8 fueron envueltas por las olas y sucumbieron».
“En la primera salida del mar, la altura vertical alcanzada por la ola sería más o menos de 7 metros, arrasando a muchas casas. En seguida se retiró descarnando la playa como 250 metros, haciendo su segunda invasión 15 minutos después, alcanzando una altura vertical de 11,5 metros sobre su nivel ordinario, yendo a chocar contra las casas de la población con una velocidad vertiginosa, arrasando malecones, muelles, escala de piedras, etc y las dos primeras hileras de manzanas de la población que daban frente al mar formando de todo un montón informe. Como 45 minutos después tuvo lugar la tercera salida del mar”.
Otro antecedente lo brinda Jorge Hicks, gerente de la Empresa de Salitres de Antofagasta, quien le informa al presidente de su Directorio “…La casa del barón de La Riviere y casi todas las demás han sido barridas. La estación, las máquinas condensadoras de agua, todo… muchas vidas perdidas. Hay unas 1.000 personas sin techo, agua ni víveres. Por suerte el “Blanco Encalada” estaba aquí (Antofagasta). Si hubiera estado en Mejillones habría naufragado. Ha partido esta mañana para ayudar”.
Otras Narraciones
Don Isaac Arce con respecto al terremoto señala: “Pero a eso de las diez de la mañana del día siguiente, llegó un “propio” de Mejillones, don José Antonio Tirapegui, y comunicó la noticia que ese pueblo casi había desaparecido; que había muchas víctimas y que todos los habitantes carecían de agua, de alimentos y abrigo, habiéndose destruido hasta las máquinas condensadoras de agua”.
Jorge Cruz Larenas, en su libro “Fundación de Antofagasta” nos entrega la visión más completa. Explica que el terremoto “causó grandes estragos, pero no tanto por la fuerza del temblor, pues las casas eran de madera, sino por las tres salidas de mar. La segunda salida de mar ocurrió como 15 minutos después de la primera y su ola se calculó en unos 22 metros de altura. Arrasó con malecones, muelles, escalas de piedra y las dos primeras manzanas de la población frente a la playa. Los perjuicios más graves fueron causados en la estación que desapareció con casa, habitantes, locomotoras y maestranza”.
Explica que “También fueron destruidas las máquinas destiladoras de agua de Neves y Cía. y Juan Sáez y los negocios de D. José Manuel Andrade, Solar y Cía., Luis Luzardo, casa de la Intervención chilena, edificios del barón Arnoux de la Rivière y Subprefectura. En el establecimiento de Arman se produjeron perjuicios en máquinas y bodegas y se hundió un buque cargado con guano. Los trabajadores de las guaneras, que alcanzaban a unos 800 hombres, produjeron algunos desórdenes. Hubo numerosas víctimas, atrapadas por el mar, cuyos cadáveres arrojó después a la playa; entre éstas se dio por desaparecido al ingeniero británico Mr. Ashten.”
El terremoto de 1877 dejó huella en Mejillones. Tanto físicas como psicológicas. Dentro de lo material se puede establecer que aún quedan vestigios de los escombros que arrastró el mar. Estos se hallan en las faldas del desnivel que lleva a la ex Escuela 26, en La Caleta.
Con respecto a lo sicológico, durante el siglo pasado aún se podía advertir el miedo a “la salida de mar” que quedó como sello impreso en el imaginario colectivo. También durante la década del 70 pude oír historias que en ese entonces no entendí. Relatos de cómo en el muelle aparecían atrapados cuerpos sin vida tras el terremoto. Relatos de personas adultas que revivían lo que le contaron sus abuelos que, siendo niños, estuvieron allí.
Terremoto y tsunami del 09 de mayo de 1877
https://revistacienciasociales.cl/index.php/publicacion/article/view/475/334









![]()