Tal cuál gancho
(Tan solo faltaba el aguardiente para el Colt de Montt)
Nos indica Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia que:
No es que uno busque el chisme, eso jamás, es que el chisme se cruza y bueno, ya que está ahí…
Nos encontramos, en un periódico de 1923, con una curiosa noticia. Los vecinos de Mejillones protestaban por lo que consideraban un atentado contra la salud pública, la higiene y su propia tranquilidad. Hablamos de la instalación en pleno centro, de esa pequeña ciudad, de una lechería –con todo y sus vacas- a tan solo una cuadra de la Plaza de Armas y junto a importantes edificios, tales como la Subdelegación, el Juzgado, el Correo, el Telégrafo, el Club Social y el Hotel Inglés (Oh my God), además de un buen número de casas vecinales.
Quienes pretendían hacer esto eran los dueños de la lechería, a quienes sólo se identifica -en la publicación- como “los griegos”, quienes habrían manifestado –según dice el Delegado Municipal- “que nadie podría impedirles que se ubiquen, con sus corrales, en el sitio elegido”.
No sabemos si los ilustres vecinos de Mejillones firmantes de la solicitud a la Municipalidad, los señores Murillo Lefort, Melin, Echevarría, Urrutia, Vegas, Castillo (Hasta en la sopa), León, Gordano, Gallano, Salgado Berthet, Brinnley, Coqsard, Torres, Reyes, Ogers, Schiappacasse, Oneeto, Garrido, Gil, Lyon, González (infaltable), Herrera, Moran, Bribbe, Rojas y Muga habrán conseguido su propósito, o si la lechería habrá logrado el suyo, pero este caso nos ha recordado algo que ya pocos saben en esta ciudad: Que en el siglo pasado en el Mercado Municipal se vendía leche al pie de la vaca y que los vecinos iban hasta allá -a diario- para comprarla.
Es cierto que, a diferencia de lo que “los griegos” querían hacer en Mejillones, las vacas del Mercado antofagastino no tenían allí sus establos, sino que eran llevadas caminando -apenas clareaba el alba- desde las cercanías de la actual avenida Brasil, donde se las mantenía, para ser ordeñadas y vendida su leche; hecho esto, eran devueltas a la vaquería de la misma manera en que habían llegado.
Para quien se pregunte dónde se ubicaba la lechería en el Mercado Municipal (el mismo que todavía tenemos), les diremos que eran las dependencias ubicadas bajo el nivel de la calle, por Uribe. Allí se ingresaban las vacas y se ordeñaban a medida que llegaban los clientes. Ese lugar se utilizaría, décadas después, para instalar los puestos de venta de pescado y, más recientemente, para la venta de yerbas medicinales, artículos esotéricos y artículos afines. ¿Hoy en día? No sabríamos decir para qué se usa, pero seguramente será también para algo muy diferente del uso original para el que fue concebido y creado: la venta de leche.





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