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El Cangrejo Fantasma

En las arenas de Mejillones

Mejillones (el territorio) es hermoso, maravilloso. Visiten Mejillones, les encantará y digan que van de parte de los Caminantes del Desierto. No habrá descuento ni regalos, pero nos sentiremos satisfechos de haber brindado nuestro granito de arena a su promoción y puesta en valor.

Saludos tengan estimadas y estimados amigos.

Tal como indicamos con anterioridad y aprovechando la cercanía, estamos procurando recorrer a cabalidad el territorio en donde se asienta la ciudad de Mejillones -la tierra de Gamelín Guerra- y explorar sus hitos históricos y sus bellezas naturales (que son muchas). Ahora bien, el sólo caminar por sus extensas y desoladas playas de arena blanca y fina ya es un regalo para los sentidos, al igual que observar la variada fauna marina, in situ, es un deleite.

Mientras vamos avanzando por la orilla de la costa, sorteando las olas de la marea alta, podemos encontrarnos con sorpresas, por ejemplo una gran cantidad de lobos marinos que retozan despreocupados a no más de 20 metros de distancia, sobre sus promontorios, o los centenares de aves que coronan los acantilados con sus estridencias y chirridos, en verdad, un espectáculo que no deja indiferente, inclusive, al más conocedor.

Mas, siempre tenemos alguna misión que cumplir y este viaje tiene un protagonista, un cangrejo muy especial que, según nos habían indicado, lo podríamos encontrar exclusivamente en la localidad de Hornitos; pero –siempre díscolos- quisimos buscar sectores más desolados y que contasen con las características requeridas para la subsistencia de este decápodo y esto nos llevó a seguir el derrotero del Cerro el Plomo -en su inicio- y avanzar por la costa rumbo al norte, en dirección a Punta Chacaya; Y, si bien dimos con él, hemos de decir que resulta algo escaso en número. Esto podría deberse a muchas causas, incluyendo el que no haya sido la época más adecuada. Dado que hacia el sur no hay playas con las características necesarias para que habite, hemos pensado que deberíamos seguir con la búsqueda más al norte, en procura de nuevos lugares y mayores poblaciones de este fantasmal cangrejo. Quién sabe con qué sorpresa nos encontraremos, ya que hemos aprendido que cada viaje es una nueva experiencia asociada a nuevos hallazgos.

Ahora, sobre este cangrejo, veamos qué nos indica el señor Bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia:

¿Cuántas especies de cangrejos nativos conocemos? La mayoría de las personas no conoce muchos, acaso los más visibles que se pueden apreciar sobre los roqueríos, o quizá sólo aquellos más pequeños que habitan bajo las piedras en nuestras rocosas playas. Sin embargo, en nuestro país hay una variada fauna de estos animales, tanto así que sólo acá en el norte tenemos no menos de 70 especies.

Entre ellas contamos a cangrejos corredores, que sólo salen a la superficie para alimentarse; jaibas y cangrejos que viven permanentemente bajo las aguas, ya sea en el fondo marino o sobre los bosques de algas; pequeños cangrejos de las rocas, que viven bajo ellas en la zona de las mareas, aquellos minúsculos que viven como parásitos de erizos y lapas y, finalmente, unos cangrejos que viven ocultos bajo la arena de las playas y que reciben el curioso nombre de cangrejos fantasma.

Los cangrejos fantasma pertenecen al género Ocypode, y reciben ese nombre por su rapidez de movimientos, que les permite ocultarse rápidamente en caso de peligro. Esto lo pueden hacer tanto metiéndose rápidamente en sus guaridas –que pueden alcanzar fácilmente un metro de profundidad- como enterrándose en la arena seca, si se encuentran lejos de ellas.

En nuestro país tenemos dos especies de este género: Ocypode gaudichaudii y Ocypode occidentalis. Ambas especies tiene un aspecto muy similar, sobre todo en los individuos juveniles, siendo difícil identificarlos debidamente a simple vista. No son cangrejos grandes, apenas alcanzan los 4 cm en su máximo desarrollo. Hasta donde se sabe, sólo Ocypode gaudichaudii habita en nuestra Región (y hasta Valparaíso), en tanto O. occidentalis sólo llega hasta Iquique.

Viven en playas arenosas, en cuyo suelo cavan profundas cuevas, que pueden alcanzar hasta un metro cincuenta de profundidad en las zonas más altas de la playa, donde la arena está seca, para así llegar hasta el agua subterránea, en tanto en la zona más cercana al límite de la marea no suelen ser más profundas que 60 cm.

Estos cangrejos fantasma son en su juventud esencialmente carnívoros, alimentándose de detritus (materia descompuesta), pero una vez llegados a la adultez diversifican su dieta, alimentándose también de algas, algunas tan minúsculas como las diatomeas -que recogen en gran cantidad pastando en la orilla del agua- y también de presas mayores –para ellos- como las pulgas de agua Emerita análoga, que son a su vez competidoras por el mismo alimento (diatomeas). Se ha observado que luego de matar las pulgas con sus pinzas, en ocasiones las llevan al interior de sus cuevas, dejándolas allí –según se cree- para que se descompongan y les sea más fácil comerlas. También se piensa que los restos de las pulgas dejados al interior de su madriguera, sirven para atraer a otros minúsculos animales que viven en la arena, para así capturarlos y comérselos. Se ha observado a estos cangrejos comiendo cadáveres de animales y aves que encuentran en la arena, pero siempre prefiriendo aquellos que están mojados y en descomposición, en tanto no tocarían aquellos que se encuentran ya secos. Un competidor, en este caso, son los escarabajos Phaleria, que se especializan en comer cadáveres, pero que, a su vez, se constituyen también en una fuente de alimento, ya que el cangrejo se alimenta de sus larvas, abundantes en los mismos.

Los Ocypode gaudichaudii pueden respirar tanto el aire como bajo el agua, por lo que pueden introducirse unos metros en el mar para buscar comida, de la misma manera que pueden permanecer en la arena sin agua por varios días.

Caminan de forma lateral, como hacen habitualmente los cangrejos, pudiendo desplazarse a una velocidad de hasta 6 km por hora, aproximadamente, pero cuando requieren caminar lento, como al alimentarse en la orilla del agua, lo hacen de frente.

Los cangrejos fantasma adultos tienen pocos enemigos, ya que su velocidad, su duro caparazón y sus pinzas lo ayudan a defenderse de gaviotas, pilpilenes y corredores (lagartos Microlophus), pero los jóvenes son mucho más vulnerables a los ataques y no tienen otra defensa que quedarse inmóviles y confiar en su coloración, que se mimetiza perfectamente con la arena, o bien intentar enterrarse antes de ser atacado.

Sin embargo su número disminuye día a día debido a la acción humana: La ocupación –legal o ilegal- de las playas, que es cada vez mayor, trae aparejados varios problemas para la subsistencia de estos cangrejos, tales como el uso del suelo (les quitan el espacio vital), la presencia de vehículos sobre la arena (los aplastan), los perros que vagan libremente (se los comen) y la contaminación de su ambiente.

Nosotros hablamos de naturaleza porque vamos a la naturaleza.

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